domingo, 26 de enero de 2014

La Ciudad Milagro

No recuerdo qué me encontraba haciendo el 25 de enero de 1999, tampoco recuerdo haber escuchado nada fuera de lo normal; ese día para mí fue como todos los demás, pero para todos los demás ese día marcó la historia de nuestro país.
El terremoto del Eje Cafetero en Colombia, un desastre natural que cobró la vida de miles de personas, y que no solo arrebató los hogares y las pertenencias a las familias sobrevivientes, también dejó en cada uno de sus habitantes un temor constante, que aún quince años después se puede sentir en sus miradas. 
Armenia capital del departamento del Quindío, una ciudad casi desconocida para muchos colombianos en ese entonces, fue la más afectada de las tres ciudades que componen esta región del país, con casi más de la mitad de ella destruida por completo. Debo admitir que para mí seguía siendo desconocida, incluso después de esta catástrofe. Mi llegada a Armenia fue por cosas del destino, muchos años después de lo sucedido, y para completar mi desinformación sobre ese lugar, no tenía idea de lo que allí había ocurrido; mis amigos, se encargaron de contarme, y solo puedo decir que parecía una historia de terror, sentía escalofríos al escucharlos y al mismo tiempo una mezcla extraña entre angustia y tristeza. Yo no podía creer lo que escuchaba, era increíble. Todos los que me relataron ese momento, coinciden en que ese lunes a las 13:19 parecía el fin del mundo, no podían entender lo que estaban viviendo e incluso muchos de ellos siguen sin entenderlo.
La Ciudad Milagro, bautizada así por Guillermo León Valencia gracias a su rápido crecimiento urbano y desarrollo económico mucho antes de que el terremoto acabara con ella, tenía otra razón de peso para ser llamada así.
Armenia, la ciudad de la gente amable, la de los hermosos paisajes, la del "Clima loco" como le digo yo, la que huele al café más exquisito en cada una de sus esquinas y la que me acogió como hija suya por un par de años, recuerda cada 25 de enero que ya no es la misma desde que la naturaleza destruyó casas y edificios que parecían indestructibles pero que la esencia de los quyabros sigue siendo igual.
Ellos tuvieron su fin del mundo cuando nadie se lo esperaba, pero así mismo tuvieron la fortaleza para volver a levantar su ciudad de entre los escombros y convertirse así en uno de los sitios turísticos más hermosos de Colombia.
No tuve la fortuna de vivir en la Armenia del siglo XX, pero sí en la del siglo XXI y solo puedo decir con certeza que es la ciudad que escogería para vivir el resto de mi vida.
Espero volver pronto.